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El autor indaga una de las épocas más oscuras de la historia española. Aquí, la memoria es reclamada con vehemencia para rescatar un pasado que se parece bastante al nuestro.
España está viviendo un momento histórico, más allá de la crisis financiera que dará lugar a un orden diferente, hay otros acontecimientos que agitan la placidez de valles y aldeas ibéricas.
Al parecer hay quienes tomaron la trascendente decisión de hacer añicos la lápidas de silencio que el franquismo, postfranquismo y los falangistas y conservadores de la más diversa laya echaron sobre los sufrientes durante la Guerra Civil (1936-1939).
El alzamiento de Mola, Sanjurjo, Millán de Astral, Queipo del Llano y por supuesto el Gral. Franco, ensangrentó a España. Los terratenientes, los inquisidores torturadores de mentes infantiles e invasores de alcobas no soportaron la proclamación de la Segunda República en 1931.
Para el Obispo de Toledo, cardenal Isidro Gomá, cualquier atisbo de democracia o igualitarismo era una desgracia, y él, junto a Gil Robles, inició la conspiración el mismo día que el poeta Antonio Machado enarbolaba la bandera republicana en Ávila.
Paradojas de la historia, tiempo después el ministro Maura, católico confeso, debió expulsarlo a Francia. Gomá volvió apenas el llamado alzamiento nacional e inició la cruzada de exterminio en julio de 1936.
El franquismo se hartó de prohibir toda expresión de libertad creativa: literaria, artística, musical, etc. Miles de muertos, presos y exiliados. Los principales poetas, escritores, músicos, pintores: Machado, Juan Ramón Jiménez, Alberti, León Felipe, Manuel de Falla, Ramón Sender, Pablo Ruiz Picasso, fuera de España, y en el interior de la misma padeciendo en las mazmorras: Miguel Hernández y miles más. Durante más de cuatro décadas de escarnio.
Ahora cuando se busca identificar las tumbas masivas, esclarecer la verdad histórica, se reprocha el querer reabrir las heridas, como si nada, con total hipocresía.
Los causantes de las heridas son los mismos que en toda latitud prefieren el silencio, le temen a las palabras, a los recuerdos. La sombra de sus horrendas andanzas los atormenta.
Los que aspiramos a un mundo con libertad y justicia decimos como el heroico Miguel Hernández: “para la libertad, canto, lucho y pervivo”.
Elisa Carrió y Gerardo Morales sientan las bases para un nuevo frente. Muchas dudas pero también muchas certezas se desprenden de este pacto. ¿Vuelve la Alianza? En esta opinión se analiza una realidad que no debe ser repetida.
Un fantasma recorre la Argentina: el fantasma de la funesta Alianza que concluyó con la caída de Fernando De la Rúa. Elisa Carrió y Gerardo Morales fueron quienes resucitaron el viejo temor cuando días atrás mantuvieron reuniones para concretar un núcleo opositor al kirchnerismo. Lo curioso es que ambos referentes se esforzaron en desmentir que se trate de una alianza meramente electoralista. Carrió aseveró que “las puertas están abiertas para los peronistas que quieran sumarse al frente opositor”, y también confirmó su acercamiento a López Murphy y a Julio Cobos. Pero los roces con el socialismo (aliados de Carrió en las últimas elecciones) ya comenzaron, pues demostraron su disconformidad con la posible llegada del fundador de Recrear. Por otro lado, dirigentes históricos del radicalismo, como Moreau y Storani, rechazaron compartir una lista con Margarita Stolbizer (presidenta de la CC de la provincia de Buenos Aires). Las fricciones y diferencias son evidentes. Pero Carrió aseguró que su proyecto no concluirá como el de 2001: “Nosotros nos tenemos confianza mutua, nos conocemos hace 20 años, no como la Alianza, que no se conocían y que se armó en tres meses”. Admitiendo que se conozcan y se tengan confianza, ¿hacia dónde apunta este frente opositor? Quitando el objetivo electoral, poco se sabe. Es que últimamente, en la política argentina, todo el empeño de los partidos parece recaer en la búsqueda del poder. Si repasamos rápidamente el mapa de las alianzas de los últimos años, observaremos un desvanecimiento de los partidos clásicos y una emergencia de frentes y coaliciones, en donde los objetivos no se visualizan fácilmente. Parte del PS está con Carrió, y otra parte, con Kirchner. Algunos radicales acompañaron a Lavagna en las últimas elecciones, otros al socialismo, otros a Cristina. El kirchnerismo, por su parte, aglutinó a su alrededor a personalidades de todos los colores políticos. Binner, en Santa Fe, reunió al ARI, a la UCR y al PDP, entre otros. Saber que los partidos -al menos concebidos en su manera tradicional- están en crisis, no es una novedad. Pero que la solución sea olvidarse de las ideologías y construir un entramado electoralista aunando a todo grupo opositor es, al menos, dudoso. Lo que puede leerse en nuestra realidad política es que todo es medio para un fin, y ese fin, que parece justificar todos los medios, es ganar elecciones. Carrió pregona el dejar de lado las ideologías, lo que le sirve como excusa para amontonar en su frente a todos los que quieran derrotar al oficialismo. Resulta difícil pensar un modelo de sociedad a construir si se carece de una cosmovisión más o menos formada. Y es precisamente esa cosmovisión la que se desvanece cuando el relativismo extremo, muchas veces disfrazado de progreso, valida todo tipo de accionar. Por otra parte, la negación de las ideologías siempre ha sido funcional al statu quo. Es complicado concebir un cuestionamiento profundo al orden establecido si nos alejamos de todo pensamiento crítico basado en ideologías sólidamente formadas. Claro que la nueva alianza no pretende salir de la lógica unidimensional que se ha posado sobre todos los partidos clásicos. Como tantos otros asuntos de importancia, el cambio estructural de la sociedad no está en la agenda de Carrió ni en la de Giustiniani y, mucho menos, en la de Morales. Además, la líder del ARI aseguró: “Las elecciones de octubre se definen entre nosotros -por el frente que se está gestando- y el oficialismo. El tercer lugar no existe”. Este intento de polarización demuestra claramente que cualquier político, que no sea oficialista, puede y debe encolumnarse tras la nueva alianza si quiere acceder a la puja electoral. Esta aspiración al bipartidismo (al que Carrió criticó en su momento) terminaría por aniquilar la estructura tradicional de los partidos, convirtiendo a la política en un escenario de cartels hacia la búsqueda del trono. ¿Para qué competir por separado si juntos podemos ganar? Por supuesto, esto sólo es posible si los partidos carecen de identidad autónoma. En otros tiempos, hubiera resultado impensable reunir en un mismo proyecto al PS, a la UCR y al PDP. Pero hoy es viable toda convergencia gracias al único objetivo común que poseen los partidos: acceder al gobierno. Sin embargo, la agonía de esta forma de hacer política abre un nuevo espacio para la emergencia de nuevas y frescas agrupaciones, tal vez no tan mediáticas, pero con propuestas honestas y atinadas. Quizás haya que ir teniendo en cuenta otras alternativas a esta falsa polarización y, lo que sería aun más provechoso, empezar a ser responsables de nuestro destino como nación, no afiliándonos a un partido clásico, sino creando nuevas opciones desde el lugar que a cada uno le toque. Porque ya lo dijo Bertolt Bretch: “El peor analfabeto es el analfabeto político”. Si la historia se repite, primero como tragedia y luego como farsa - como sostenía Marx -, entonces de nosotros depende torcer su rumbo. Aunque parezca una frase gastada, debemos seguir afirmando que sólo nuestra intervención como ciudadanos políticos puede contribuir a cambiar la situación. Interpretemos la realidad y trabajemos sobre ella para que algún día, al fin, podamos sentir que tenemos gobernantes que son parte de nosotros. Publicado en el diario El Ciudadano (Rosario) el día domingo 1 de febrero.
Por Rafael Flaiman
En plena discusión sobre la posibilidad de una nueva Ley de Radiodifusión que elimine la de la dictadura, un repaso por la legislación en el país. La comunicación como derecho. La necesidad de la pluralidad de voces y la diversidad cultural. Una mirada sobre el poder de los medios y el fin del periodismo.
La nueva ley y el sujeto profesional de la comunicación
Por R. F.
Acerca de los medios sociales de comunicación como fuente laboral para los profesionales de la comunicación social, una posibilidad que podría abrir la nueva Ley de Radiodifusión.
Por R. F.
Para el pasado Día del Periodista, el Sindicato de Prensa Rosario realizó una charla en La Comedia, donde expusieron los periodistas Ricardo Horvath y Quique Pesoa. Ambos se despacharon contra la formación de los profesionales de la comunicación. Los presentes, en su mayoría estudiantes, se sintieron tocados y molestos.
La Vaca y Revista Zoom
Conformación y paquetes de negocios de los grupos Clarín y Telefónica.
21 puntos por una nueva Ley de Radiodifusión
Coalición por una Radiodifusión Democrática
Estos 21 puntos fueron debatidos y consensuados durante mucho tiempo por organizaciones sociales, periodistas, estudiantes y académicos del campo de la comunicación.
En plena discusión sobre la posibilidad de una nueva Ley de Radiodifusión que elimine la de la dictadura, un repaso por la legislación en el país. La comunicación como derecho. La necesidad de la pluralidad de voces y la diversidad cultural. Una mirada sobre el poder de los medios y el fin del periodismo. El cuerpo legal que rige la radiodifusión en nuestro país es un mamotreto firmado por Jorge Videla en 1980 y emparchado interminablemente. El curioso puede leer entero el trabajo de la cátedra Mastrini en la UBA sobre la historia de la legislación sobre el tema en Argentina. Aquí repasaremos algunas cositas. La ley de la dictadura y las consecuentes tachaduras y remiendos puestos fundamentalmente desde los 90 a esta parte, con la ley de Reforma del Estado en el medio, sostuvieron el espíritu de la legislación sobre el tema en países como el nuestro: la comunicación como mercancía, y, bueno, sí, como servicio público, un poquito. Si en los lejanos 80, el premio Nobel y premio Lenin Sean McBride y su informe intentaron poner una traba a la lógica que imperaba, el retiro de fondos a la ONU de Estados Unidos, Inglaterra y Japón anunció lo que vendría: la mundialización de la comunicación, el orden mundial comunicable no se negociaría. A quien, como a este cronista, le gusten los datos, vaya a Armand Mattelart, La Mundialización de la comunicación, verá entre otras cosas cómo se fusionaron AOL-Time-Turner-Warner, las cadenas más importantes del mundo. Si gusta más, lea el anexo a esta nota sobre el grupo Telefónica en Argentina. Si quiere trazar parangones, échele una miradita a Gigante Invisible, Cargill y sus estrategias trasnacionales, de Brewster Kneen; como para ver que la cosa viene grande y por todos lados. ¿Globalización dijo? Volvamos a la ley. En su Teoría jurídico-política de la comunicación, Eduardo Luis Duhalde (el bueno, Abogado defensor de presos políticos durante la dictadura, profesor de la UBA, actual Secretario de Derechos Humanos de la Nación) y Luis Alén (abogado especialista en la faz penal de los temas sobre libertad de expresión) advierten que nuestra Constitución es “pobre y obsoleta” en la materia. Se salva la cosa en la reforma de 1994 con la incorporación, con rasgos constitucionales, de los tratados y declaraciones internacionales relativos a los derechos humanos, que, como bien dicen Duhalde y Alén, “resulta paliativa de esa orfandad”. Desde el decreto 21.044/33 que reglamentó la ley 9.127 y se transformó en el Reglamento de Radiocomunicaciones, la preocupación por la conformación de monopolios es una constante. Incluso la propia ley de la dictadura, la 22.285, en su artículo 45, impedía la formación de multimedios. Se tata entonces de la cuestión de la pluralidad. Como buenos herederos del pensamiento decimonónico francés, inglés y norteamericano, por estos lares también reinó la idea de que a mayor libertad de prensa mayor democracia. Por supuesto que la democracia liberal representativa tiene sus trampas, y otras tantas tiene el libremercado. Ambas atentaron históricamente contra la participación real de todos los actores de la sociedad en las cuestiones de orden público. Y la comunicación es una cuestión de orden público. En Argentina, el artículo 5 de la primera Ley de Radiodifusión, la de 1953, consideraba a la comunicación como un “servicio basado en el principio de subordinación del interés particular al interés social, cultural, económico y político de la Nación”, por lo que implicaba la participación activa del Estado. En los 60, el decreto-ley 15.460 prohibía la existencia de cadenas, aunque hay que decir que siempre se las arreglaron para funcionar de hecho. Alguien podrá decir “hecha la ley hecha la trampa”. Se acepta. En 1987 nuestro país ratificó el Convenio Internacional de Telecomunicaciones de Nairobi, Kenia, a través de la ley 23.478, otorgándole a las frecuencias radioeléctricas el carácter de recursos naturales limitados: la comunicación como derecho. Existen una importante cantidad de tratados internacionales e interamericanos que sostienen la idea de la comunicación como derecho. El derecho a la información, a la libre opinión y expresión, al acceso a la información. Pero de hecho, en un universo mediático donde pocos grupos económicos dominan el espectro, la pluralidad de voces es letra muerta, engaño, mera juridicidad abstracta, chamuyo. Plural debe ser el acceso a licencias, para que todos los actores sociales, organizados en sujetos colectivos representativos, puedan comunicar. Plural debe ser el acceso a la información, para que todos podamos saber de qué se trata. Plural deben ser las voces que se escuchen, atendiendo a la diversidad cultural realmente existente en la vastedad de este país, a su riqueza, pero, fundamentalmente a sus particularidades. Los últimos veinte años juegan a favor de ello. El largo y tedioso pero fascinante Un mundo sin periodistas, de Horacio Verbitsky, narra lo difícil que puede ser pensar a la comunicación como un derecho cuando al poder no le gusta, siempre poniendo el eje más en los poderes económicos que corrompen políticos que en los políticos mismos, recordándonos que estar en el gobierno no es estar en el poder. La actualidad muestra una actitud social impensable hasta ahora: el romanticismo creado en torno de los periodistas y los medios se resquebraja. Cae el prestigio de los periodistas. Cae, al fin, el héroe. Hay quien afirma que estamos en el camino a la desaparición del periodismo profesional. Este cronista sospecha que no es tan así, pero considera que los medios comerciales de comunicación, con su lógica mercantil que los hace vivir más de aquello que ocultan para negociar que de lo que muestran para denunciar, están perdiendo terreno ante los nuevos medios sociales de comunicación, donde diversidad y pluralidad son la sangre. Aquellos donde empezamos a creer que se puede hacer algo y se puede hacer posible.
Acerca de los medios sociales de comunicación como fuente laboral para los profesionales de la comunicación social, una posibilidad que podría abrir la nueva Ley de Radiodifusión.
El debate en torno a la posibilidad de una nueva Ley de Radiodifusión está abierto, y, más allá de especulaciones de toda índole que pueden involucrar oportunismos gubernamentales, disputas por el poder simbólico entre aquellos que ocupan espacios hegemónicos y tramas varias que se tejen en su derredor, estamos debatiendo.
A los que somos o seremos sujetos profesionales de la comunicación nos ocupa el debate, y probablemente la Historia nos impele a involucrarnos. Nosotros, los hijos de la dictadura, los adolescentes del menemismo, los que pisamos los veinte cuando el país implotó en 2001. Algunos un poco más, otros un poco menos.
El debate corre por los cafés, las redacciones de los diarios, las radios, la TV, los pasillos de las Casas de Altos Estudios. Los 21 puntos propuestos por la Coalición por una nueva Ley de Radiodifusión, que servirían de basamento a la nueva ley nos ponen frente a la posibilidad de un futuro menos incierto. Ya lo sabemos: la incertidumbre atraviesa el pasaje por las aulas de las carreras de Comunicación.
Mientras se espera la bendita estabilidad laboral, pasamos por múltiples proyectos que nos llenan de experiencia y satisfacción, que nos hacen sentir que podemos ser agentes de la transformación, que podemos contribuir a un mundo mejor y que nos fogonean en la práctica profesional. Hacemos radio, televisión, video, periódicos, intervenciones profesionales en organizaciones comunitarias, nos transformamos en intelectuales orgánicos y en militantes… pero sabemos que el futuro tendrá otro color: un día habrá que dejar de escribir las crónicas subterráneas en el periódico barrial porque hay que pagar el alquiler, la luz, el gas… y entonces nos dejaremos convencer con aquello de que las grietas del sistema y festejaremos una línea escondida en un párrafo final donde atisbamos una editorialización un poquito más jugada que la de la empresa donde trabajamos.
Michel de Certau nos enseñó que son las prácticas territoriales realmente existentes las que deben ser politizables para poder diseñar cualquier política pública. Lo dijo con Bourdieu. Se lo escucharon a Marx. Las prácticas comunicacionales de lo que hoy llamamos medios sociales de comunicación -en contraposición a los medios comerciales- han conseguido una visibilidad ya inexpugnable. Las organizaciones de la sociedad civil se pusieron a tono con la sociedad de la información y, junto al camino altermundista, construyen un camino altercomunicacional. Allí nos aguarda el futuro que ya llegó.
Por lo general las experiencias alter ó contra comunicacionales se han mostrado incapaces de construir nuevas lógicas de comunicación que interpelen a esos nuevos sujetos sociales que fueron apareciendo. A eso nos llama la posibilidad de una nueva ley. A construir mundos posibles, caminos posibles, animándonos a crear nuevos paradigmas, y pudiendo asumir al fin que además de las empresas habrá nuevos espacios para ejercer y poder vivir de ello.
Habrá que ver, es cierto, si asumimos también la formación como agentes de la transformación que decimos tener; o si seguimos resignándonos a ser agentes de la reproducción, inventando nuevas excusas.
Para el pasado Día del Periodista, el Sindicato de Prensa Rosario realizó una charla en La Comedia, donde expusieron los periodistas Ricardo Horvath y Quique Pesoa. Ambos se despacharon contra la formación de los profesionales de la comunicación. Los presentes, en su mayoría estudiantes, se sintieron tocados y molestos.
El teatro está lleno de jóvenes. El cronista se mira, nota que esos jóvenes son más jóvenes que él mismo y se dice que cada vez más postsecundarios eligen carreras vinculadas al periodismo y la comunicación. Eso lo dice porque él mismo llegó tras largos años por otros lares.
Algunos de esos jóvenes son caras que se han visto en los pasillos o en el bar de la facultad de ciencia política; otros del ISET, “la escuelita”, como le dicen peyorativamente docentes y alumnos de la UNR; hay de la UAI y de TEA. Hay de todo, para todos. Hay estudiantes, eso. Muchos estudiantes. El cronista celebra.
No es un día del periodista más. Este es un año donde por fin el romanticismo en torno al inmaculado cuarto poder se cuestiona, donde empieza a ser cada vez más claro que la construcción de la realidad que hacemos desde los medios es apenas eso: una construcción de muchas posibles.
Además, este año, parece, el congreso discutirá la perimida Ley de Radiodifusión de la dictadura para ponerle por fin a la recuperación democrática un instrumento fundamental: legislación en torno a la radiodifusión. Ello implica que ya se esté discutiendo la cosa en los diarios, las radios, los foros de Internet, los cafés de la esquina.
A Quique Pessoa le gusta provocar. A veces parece que no es mucho más que eso: un tipo con buena voz, buen background, y ganas de provocar. Bastante para el oficio periodístico, ese que ninguna “escuelita” ni casa de altos estudios es capaz de enseñar. Horvath también provoca. Le sobran redacciones para hacerlo.
Ambos se explayaron lindo en torno a la problemática de la Ley de radiodifusión, el rol de los medios en torno al conflicto con el campo, las posibilidades de transformación que ofrece trabajar en periodismo, y un etc. que, hay que decirlo, no sorprendió, cautivó o iluminó ni a los estudiantes de primer año.
Lo que sí hicieron fue provocar reacciones frente a un punto en el que parece que a nadie le gusta discutir: la propia formación. Horvath relató una charla con la socióloga Alcira Argumedo que se reproduce más o menos: Horvath: “Ahora los periodistas van a la facultad, van a salir por lo menos comunicólogos”; Argumedo: “Ni eso”. Pessoa fue un poco más allá. Dijo textualmente: “No saben escribir”. Y de allí: “No tienen libre albedrío; no tienen pensamiento independiente”, hasta “no tienen pensamiento, no saben interpretar, son analfabetos funcionales”, poniendo énfasis en el deseo de aparición en los medios, fama, poder, dinero, etc. que alimenta la estadía en las aulas de las carreras ligadas al periodismo y la comunicación.
A los estudiantes no les gustó. Un mal argentino: cuando nos ponen un espejo en frente y no nos gusta lo que vemos, nos enojamos.
Grupo Clarín: conformación y paquetes de negocios
El multimedio es propiedad de AGEA (Arte Gráfico Editorial Argentino); el 18% de su paquete accionario pertenece al grupo financiero multinacional Goldman Sachs como mandatario de Prysmian Corp. (ex – Pirelli Cable & Telecom). El 82% de AGEA está en manos de la sociedad G.C. Dominio, formada por Ernestina Herrera de Noble, Héctor H. Magnetto, José A. Aranda y Lucio R. Pagliaro. AGEA posee el 100% de: diario Clarín, Artes Gráficas Rioplatense (impresiones), Tinta Fresca (editorial escolar), Elle, Olé, Genios, Pymes, Diario La Razón. El 100% de Radio Mitre. El 100% de Teledeportes. El 100% de GC Gestión Compartida. El 50% de TRISA Y TSC, integrantes de Torneos y Competencias para la televisación de partidos de fútbol. El 100% de Clarín Global (Ubbi, deautos.com, masoportunidades.com, Clarín.com). El 100% de Inversora de Eventos. El 100% de Ferias y Exposiciones, que a su vez conforma con La Nación la empresa Feriagro, organizadora de Expo-agro. El 50% de Tele Red Imagen. El 100% de Galaxy Entertainment Argentina (DirecTV). El 25,6% de DyN (Agencia Diarios y Noticias. Y una participación no declarada en la organización de la Feria del Libro. Clarín posee el 50% de Cimeco, controlante de La Voz del Interior (Córdoba) y Los Andes (Mendoza). El 50% de Impripost (procesamiento e impresión de datos, distribución domiciliaria de documentos) asociado con Techint y Siemens. El 2,8% de CTI (Claro). El 36,99% de Papel Prensa (apoyo de Gelbard mediante), y otro 12% a través de la ya citada Cimeco. Clarín es dueño del 60% de Cablevisión. El 40% restante pertenece a Fintech, un grupo buitre de inversionistas anónimos dirigido por el mexicano David Martínez. Fintech compró deuda barata de privatizadas en default, y asociado con el grupo financiero británico Ashmore controla a través de CIESA, empresas como TGS (Transportadora de Gas del Sur) y Metrogas. A través de Cablevisión es dueño del 100% de Fibertel (con acceso a Internet vía Telefónica), el 100% de Teledigital (tevé por cable en Río Negro) y el 98.5% de Multicanal. Hasta 1995, compartió la propiedad de Multicanal con Telefónica y Citicorp (CEI). Multicanal controla el 97% de Prima (Datamarkets, Ciudad Internet, Fullzero, Flash, Vontel, y dueña de decenas de pequeñas prestadoras de internet y televisión por cable en el interior). La justicia debe decidir si autoriza la fusión de Cablevisión y Multicanal. En la compra de Supercanal (concursada, operadora del satélite Nahuel 1) está asociado con el Grupo Uno, propiedad de Vila-Manzano-Mas Canosa, a su vez asociado con el Grupo De Narváez y con Eurnekian (AA2000). Es dueño del 99,2% de Artear. A través de ella, Clarín posee el 30% de Pol-ka, el 30% de Ideas del Sur, y el 33% de Patagonik Film Group, esta última asociado con Walt Disney Corp. Artear es dueña absoluta de Canal 13, TN, Magazine, Volver, Canal Rural, Multideporte, Canal 6 (Bariloche), Canal 7 (Bahía Blanca), Canal 10 (Río Negro), y Canal 12 (Córdoba). Grupo Telefónica: Conformación y paquetes de negocios en Argentina Datos de Cooperativa La Vaca La compañía Telefónica Nacional de España se constituye en abril de 1924 en Madrid, con un capital social de un millón de pesetas representado por 2.000 acciones ordinarias, la mayoría en manos de ITT, de Nueva York. Un Real Decreto firmado por Alfonso XIII en agosto de 1924, autorizó al gobierno español a contratar a la Compañía Telefónica Nacional de España para la organización y ampliación del servicio telefónico. Así, el Estado cedía a la nueva empresa todas las instalaciones y líneas que explotaba directamente, y todos lo derechos de las concesiones existentes. Con al llegada en 1931 de la II República, se cuestionó la legalidad del contrato firmado y se solicitó su anulación, juicio que quedó zanjado definitivamente en diciembre de 1932, bajo el gobierno de Manuel Azaña. En 1945 el gobierno español decidió adquirir las 318.641 acciones ordinarias propiedad de ITT, con lo que el Estado pasó a controlar el 79.6 % del total de acciones ordinarias en circulación. En 1991 la compañía firmó un nuevo contrato con el Estado, de 30 años de vigencia, que formalmente inició la conversión de esta compañía en una empresa privada. En este período comenzó la expansión de Telefónica en Latinoamérica. En 1994 inició la transmisión de negocios a algunas filiales, con el objetivo de crear una red de empresas en las que delega, entre otras cosas, responsabilidades legales. Comenzó así un proceso que podríamos llamar de terciarización, por el que resulta cada vez más difícil reconocer qué hay detrás de cada compañía local. En 1995 el gobierno español decidió desprenderse de un 12 % del capital, promoviendo la creación de un núcleo estable de accionistas, formado por los bancos Bilbao-Vizcaya, Argentaria y La Caixa, y ofreciendo al mercado bursátil 100 millones de acciones. En 1998 Telefónica practicó un reordenamiento societario para “dotar a cada área de negocio de su propia identidad jurídica, quedando Telefónica S. A. como sociedad matriz”. En enero de 1999 la casa matriz traspasó la rama de actividades del negocio español de telecomunicaciones a otra empresa que adoptó el nombre de Telefónica de España. En enero de 2000 creó dos nuevos negocios globales: Telefónica Móviles, que agrupa todas las operaciones de telefonía móvil del grupo, y Telefónica Data Corp., para el negocio de datos y servicios para empresas. Más tarde se añadieron Atentto, Business to Business o Emergia, entre otras empresas. Telefónica Latinoamérica se presentó como la línea de negocio responsable de los activos de telefonía fija en Latinoamérica. Allí se llevó a cabo una oferta pública de acciones de las empresas de Argentina, Brasil y Perú. Esta operación, conocida por el nombre Operación Verónica, reordenó las compañías dependientes del grupo por áreas de negocios en lugar de por países. Durante 2004 Telefónica compró las filiales de telefonía movil del grupo estadounidense Bellsouth, convirtiéndose en el mayor operador de telefonía móvil de Sudamérica y en el tercer operador telefónico del mundo. Ese mismo año Telefónica adquirió el 23% de la red de transmisión satelital estadounidense PanAmSat, una de las corporaciones satelitales más grandes del mundo. En marzo de 2005, Telefónica decidió unificar la imagen de su filial Telefónica Móviles en 13 países, lanzando la campaña MoviStar. Esta campaña de marketing fue la única de Telefónica a escala global (es decir que por primera y única vez el mismo logo, concepto y estética se usó en todos los países que opera) y tuvo un costo calculado en 96 millones de dólares. En el balance 2005 consigna que el flujo generado alcanzó los 7.108 millones de euros, de los cuales 697 millones fueron asignados a la cancelación de compromisos adquiridos, rubro que incluye “la reducción de plantillas”. Esto es, los despidos de personal que ha realizado el grupo en diferentes lugares del Planeta Telefónica. En la actualidad el Grupo Telefónica opera en 40 países. Su base de clientes supera los 100 millones, de los cuales un 55% se encuentra en Latinoamérica. Telefónica es una empresa totalmente privada que cuenta con casi 1.7 millones de accionistas directos. Su capital social está dividido en la actualidad en 4.955.891.361 (cuatro mil novecientos cincuenta y cinco millones ochocientos noventa y un mil trescientos sesenta y un) acciones que cotizan en el mercado continuo de las bolsas españolas (Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia) y en las bolsas de Londres, París, Frankfurt, Tokio, Nueva York, Lima, Buenos Aires, San Pablo, y en la plataforma IRS de la Bolsa de Londres. El grupo tiene además otras veinte empresas que cotizan en Bolsa. El detalle de empresas dependientes, asociadas o participadas del Grupo Telefónica es, en el balance del 31 de diciembre de 2004, un listado de 34 páginas de 30 renglones cada una. Sin embargo, semejante sociedad global no está obligada a llevar un registro de accionistas, por lo tanto no se puede conocer con exactitud la estructura de su propiedad. Al 26 de diciembre de 2005, los únicos accionistas identificados eran el Banco Bilbao Vizcaya (con el 6.631% de las acciones) y La Caixa (con el 5%). El Chaise Maniatan Bank, por su parte, tiene un 7.61% “en nombre y por cuenta de sus clientes”, y el City Bank el 4.66% en idénticas condiciones. La Caixa y el Banco Bilbao Vizcaya son también accionistas de Repsol, Iberia, Suez, Aguas de Barcelona, Endesa, Deutsche Bank y el Banco Itaú, entre otros. La consolidación de Telefónica como corporación global fue acompañada por su ingreso al mercado de medios comerciales de comunicación. En este caso, la operación se realizó a través de un alias: Admira, la empresa con la que a mediados de los 90 salió de shopping mediático por toda Latinoamérica. Así, en Chile, Argentina, Perú, Bolivia, Guatemala, Colombia, Puerto Rico, Brasil, Venezuela (pero también Rumania y Portugal) el Grupo Telefónica se convirtió a finales de los 90 en un importante actor del mercado de la información, entendiendo el rubro en su forma más amplia y completa: Internet, televisión, radio, cine, libros. Desde Admira, Telefónica también tejió sus alianzas con los otros grandes del rubro comunicación: la estadounidense WorldCom-MCI, la British Telecom, y con el grupo inglés Pearson, propietario del grupo Recoletos (España), que edita las publicaciones Marca, Expansión, Actualidad Económica y Telva, entre otras. A principios de 2000 se alzó con un 48.62 % de Vía Digital; el 47.42% de Antena 3 TV y el 40% de Audiovisual Sport, de España. Luego, compró la productora holandesa Endemol (con filiales en 17 países, responsable de, entre otros productos globales, Gran Hermano y Operación Triunfo), Media Park (audiovisual y multimedia), Lola Films (producción y distribución cinematográfica), y Megatrix (contenidos infantiles y canal temático en Vía Digital). Compró, además, al proveedor de acceso a Internet Lycos. La estructura de la compra de Lycos le dio primacía –según comunicado de la empresa- en Canadá, Corea del Sur, América Latina y el mercado hispano de Estados Unidos. Con Admira, Telefónica sumó presencia en cuatro continentes. Pero, a partir de 2002, lo cambios políticos, sociales y económicos obligaron a Telefónica a liquidarla. Ese mismo año el presidente de la compañía, Cesar Alierta, fulminó a la cúpula directiva de su división de medios y ya en 2003, Admira desapareció del organigrama de Telefónica. Sus participaciones en medios comerciales de comunicación se integraron a la división llamada Telefónica Contenidos, y allí fue a dar lo que queda de su paquete de negocios en la Argentina: Grupo Telefé: Televisión abierta y producción de contenidos. Participa además en un sello discográfico y en una empresa de marketing directo. El grupo posee la red más importante de canales de televisión abierta del interior. También cuenta con Editorial Atlántida, que edita las publicaciones Gente, Negocios, Billiken y Para Ti. Las dos radios que pertenecían al grupo, Continental y Radio Stéreo, fueron vendidas en noviembre de 2004 al grupo Prisa. Patagonik: Producción y promoción de películas. Tiene acuerdos con la norteamericana Buena Vista Film Production y uncomtrato de licencia exclusivo con Artear, del Grupo Clarín, para la distribución de películas a través de televisión en América Latina e Islas del Caribe. También las cadenas televisivas Antena 3 y Vía Digital para el mercado español de televisión abierta y de pago. Sprayette: Dedicada a la venta televisiva y telefónica de productos inútiles. Torneos y Competencias: Monopoliza la transmisión de eventos futbolísticos, entre otros negocios vinculados al deporte. Además, en Argentina dependen de Telefónica S. A., una de las empresas del Grupo Telefónica con sede en Madrid, coordinadas por un presidente y un “Centro Corporativo País”, las siguientes líneas de negocio: Telefónica de Argentina S. A.: Telefonía fija (nacional e internacional), telefonía pública, acceso a Internet (con las marcas Advance y Speedy) y guías telefónicas, que edita y comercializa Telinver S. A. con la marca Páginas Doradas. Telefónica Empresas: Servicios globales de comunicaciones de voz, datos y soporte de Internet para empresas bajo la razón social Telefónica Data de Argentina S. A. Telefónica Móviles Argentina S. A.: Telefonía móvil o celular a cargo de la marca MoviStar. Terra Networks de Argentina S. A.: Portal de Internet, contenidos y servicios on-line y desarrollos tecnológicos. Atento Argentina S. A.: Servicios de atención a clientes a través de plataformas multicanal o contact centres: teléfono, fax e Internet. T-gestiona: Consultoría en las áreas de recursos humanos y comercio exterior, seguros, logística, contabilidad, gestión inmobiliaria, seguridad y serivicios generales. Pléyade Argentina S. A.: Broker de seguros del Grupo Telefónica.
Estos 21 puntos fueron debatidos y consensuados durante mucho tiempo por organizaciones sociales, periodistas, estudiantes y académicos del campo de la comunicación.
Coalición por una Radiodifusión Democrática 1.- Toda persona tiene derecho a investigar, buscar, recibir y difundir informaciones, opiniones e ideas, sin censura previa, a través de la radio y la televisión, en el marco del respeto al Estado de derecho democrático y los derechos humanos.
2.- La radiodifusión es una forma de ejercicio del derecho a la información y la cultura y no un simple negocio comercial. La radiodifusión es un servicio de carácter esencial para el desarrollo social, cultural y educativo de la población, por el que se ejerce el derecho a la información.
3.- Se garantizará la independencia de los medios de comunicación. La ley deberá impedir cualquier forma de presión, ventajas o castigos a los comunicadores o empresas o instituciones prestadoras en función de sus opiniones, línea informativa o editorial, en el marco del respeto al estado de derecho democrático y los derechos humanos. También estará prohibida por ley la asignación arbitraria o discriminatoria de publicidad oficial, créditos oficiales o prebendas.
4.- Las frecuencias radioeléctricas no deben transferirse, venderse ni subastarse. Nadie debe apropiarse de las frecuencias. Las frecuencias radioeléctricas pertenecen a la comunidad, son patrimonio común de la humanidad, y están sujetas por su naturaleza y principios a legislaciones nacionales así como a tratados internacionales. Deben ser administradas por el Estado con criterios democráticos y adjudicadas por períodos de tiempo determinado a quienes ofrezcan prestar un mejor servicio. La renovación de las licencias estará sujeta a audiencia pública vinculante.
5.- La promoción de la diversidad y el pluralismo debe ser el objetivo primordial de la reglamentación de la radiodifusión. El Estado tiene el derecho y el deber de ejercer su rol soberano que garanticen la diversidad cultural y pluralismo comunicacional. Eso implica igualdad de género e igualdad de oportunidades para el acceso y participación de todos los sectores de la sociedad a la titularidad y gestión de los servicios de radiodifusión.
6.- Si unos pocos controlan la información no es posible la democracia. Deben adoptarse políticas efectivas para evitar la concentración de la propiedad de los medios de comunicación. La propiedad y control de los servicios de radiodifusión deben estar sujetos a normas antimonopólicas por cuanto los monopolios y oligopolios conspiran contra la democracia, al restringir la pluralidad y diversidad que asegura el pleno ejercicio del derecho a la cultura y a la información de los ciudadanos.
7.- El público tendrá derecho a acceder a una información plural, así como a la diversidad cultural. Para ello se deberá garantizar la indemnidad intelectual y estética de los trabajadores de la comunicación y de todos aquellos que participan en la producción de bienes culturales.
8.- En los casos de una integración vertical u horizontal de actividades ligadas, o no, a la comunicación social, se deberán establecer regulaciones que promuevan el pluralismo, respeten las incumbencias profesionales y derechos intelectuales de los artistas y demás trabajadores de la comunicación y el espectáculo.
9.- Deberá mantenerse un registro público y abierto de licencias. El registro deberá contener los datos que identifiquen fehacientemente a los titulares de cada licencia, y los integrantes de sus órganos de administración además de las condiciones bajo las cuales fue asignada la frecuencia. Las localizaciones radioeléctricas no previstas en los planes técnicos deberán ser puestas en disponibilidad a pedido de parte con la sola demostración de su viabilidad técnica.
10.- No podrán ser titulares de licencias de servicios de radiodifusión ni integrantes de sus órganos directivos, quienes ocupen cargos electivos oficiales nacionales, provinciales o municipales, funcionarios públicos de los distintos poderes, miembros de las Fuerzas Armadas y de seguridad, como así tampoco aquellos que hayan tenido participación comprometida con violaciones a los derechos humanos.
11.- Existen tres tipos de prestadores de servicios de radiodifusión: públicos, comerciales y comunitarios de organizaciones de la Sociedad Civil sin fines de lucro. Quedará prohibido todo tipo de discriminación o cercenamiento a causa de la naturaleza jurídica de la organización propietaria, en cuanto a potencia, cantidad de frecuencias disponibles o limitaciones a los contenidos. Todos los servicios de radiodifusión podrán contratar publicidad en igualdad de condiciones, ya que así se respetan los derechos humanos económicos, sociales y culturales.
12.- Los medios estatales deberán ser públicos y no gubernamentales. Deberán proveer una amplia variedad de programación informativa, educativa, cultural, de ficción y de entretenimiento garantizando la participación ciudadana y la atención a las necesidades de la población. En todas las regiones del país se destinará una frecuencia a la recepción gratuita del canal de TV pública nacional y de Radio Nacional; y de igual forma se reservará al menos una frecuencia para una radio y una emisora de TV provincial y una emisora de FM municipal. Los servicios de la radiodifusión universitaria constituyen un sistema público de gestión autónoma y se reservará no menos de una frecuencia de radiodifusión a cada una de las Universidades públicas nacionales.
13.- Los planes técnicos deberán reservar al menos el 33% de frecuencias, en todas las bandas, para entidades sin fines de lucro. En estos casos tendrá que prevalecer como criterio de asignación de frecuencias el plan de servicios y la inserción de las entidades en su comunidad.
14.- La ley establecerá cuotas que garanticen la difusión sonora y audiovisual de contenidos de producción local, nacional y propia. Esto implica producción realizada por actores, músicos, directores, periodistas, artistas, investigadores y técnicos argentinos, y reglamentará la obligación de inversión en producción propia y en la compra de derecho de antena de películas nacionales.
15.- La explotación de los servicios de radiodifusión es indelegable y debe ser prestada por el propio titular de la licencia.
16.- Las repetidoras y cadenas deben ser una excepción a la regla de modo tal de priorizar el pluralismo y la producción propia y local, salvo para las emisoras estatales de servicio público o la emisión de acontecimientos de carácter excepcional.
17. La publicidad sonora y audiovisual será de total producción nacional y deberá siempre diferenciarse de los contenidos de la programación, no estará incluida en esta, se difundirá en tandas claramente identificadas al inicio y al final por la señal distintiva del medio y no inducirá a estafas y engaños a la comunidad.
18. Los sistemas de distribución de señales deberán incluir en su grilla de canales las emisoras de TV de aire de la localidad, el canal público nacional y un canal con producción informativa local y propia.
19. La autoridad de aplicación deberá respetar en su constitución el sistema federal y estará integrada además por organizaciones de la sociedad civil no licenciatarias y por representantes de las entidades representativas de los trabajadores de los medios y de las artes audiovisuales.
20.- Se creará la figura de la Defensoría del público, con delegaciones en las provincias, que recibirá y canalizará las inquietudes de los habitantes de la Nación. Deberá incluirse un capítulo que garantice los derechos del público. Estos podrán ser ejercidos directamente por los habitantes de la Nación o a través de la defensoría del público.
21. En la nueva ley se deberá contemplar la normalización de los servicios de radiodifusión atendiendo a las necesidades de aquellos impedidos de acceder a una licencia por las exclusiones históricas de la ley 22.285 y la administración arbitraria de las frecuencias por parte del Estado nacional
A pocos días de haberse conmemorado los 80 años del nacimiento de Ernesto Guevara, Kohan analiza las caras políticas del Che: la revolucionaria, la progresista, la comercial.
¿Quién fue el Che? ¿Qué representa hoy? ¿Quiénes usan su figura con fines políticos y/o económicos?
Escritor – Docente – Investigador de la UBA
En 1925 el peruano José Carlos Mariátegui, fundador de la revista Amauta y primer marxista de América, escribió: "Todas las investigaciones de la inteligencia contemporánea desembocan en esta unánime conclusión: la civilización burguesa sufre de la falta de un mito, de una fe, de una esperanza [. . .] El mito mueve al hombre en la historia. Sin un mito la existencia del hombre no tiene ningún sentido histórico [. . .] Los pueblos capaces de la victoria fueron los pueblos capaces de un mito multitudinario".
Según Mariátegui, los mitos no son necesariamente ilusiones falsas, sino más bien creencias movilizadoras que condensan esperanzas colectivas y anhelos populares.
Revolucionario genuino y radical, fotogénico y joven, Ernesto Guevara fue retratado en marzo de 1960 por Alberto Korda y su rostro recorrió el mundo. Se convirtió en el símbolo de toda rebelión a escala mundial. Desde las Panteras Negras norteamericanas hasta los estudiantes japoneses, desde los insurgentes palestinos hasta los negros insurrectos de Sudáfrica, desde las guerrillas latinoamericanas hasta los intelectuales franceses, todas las rebeldías lo llevan como estandarte. Guevara dejó de ser Ernesto y se transformó en el Che. Un mito y una leyenda atravesados por un tironeo ininterrumpido y una permanente resignificación.
En esa pulseada por apropiarse del Che, tres perfiles posibles son los protagonistas: (a) el Che devenido objeto mercantil y oferta de vidriera; (b) el Che políticamente correcto, light y progresista simpático; (c) el Che inspirador político de corrientes revolucionarias y portador de un pensamiento marxista radical, antiimperialista y anticapitalista. Podría quizás mencionarse un cuarto relato que lo dibuja como "un asesino frío y sanguinario". Pero a esta altura ese relato ya no convence a nadie.
(a) La primera aproximación a Guevara existió desde su asesinato en octubre de 1967. Desde esa fecha su imagen inunda librerías, quioscos, tapas de CD, películas, remeras, biquinis, ceniceros, encendedores, cervezas y cualquier objeto que pueda ser comercializado en el mercado. La "guevaromanía" resurge ante cada aniversario. ¡Qué tremenda paradoja la de un pensador que conocía en detalle los tres tomos de El Capital de Marx el terminar convertido en mercancía! No muy diferente a Mao Tse Tung, quien representaba algo más que un cuello de camisa o un ícono pop de Andy Warhol. O la estrella roja de cinco puntas, símbolo del Ejército rojo bolchevique creado por León Trotsky, hoy más conocida por adornar la botella verde de una cerveza de moda.
(b) En el segundo perfil se inventa un Che light y descafeinado, ajeno a las emociones fuertes, rodeado de suspiros melancólicos por los "bellos tiempos que se han ido y ya no volverán". Aquí Guevara se convierte en un tímido progresista, comodín útil para barnizar con tinturas políticamente correctas las gestiones institucionales tradicionales. Desde este ángulo, el Che deja de ser el inspirador de incendios juveniles para convertirse en una fría estatua de bronce que no molesta a nadie (y a la que se le rinde tributo pues tranquiliza verlo muerto y petrificado). ¡Qué curioso que Guevara, hermano mayor de Miguel Enríquez, Inti Peredo, Mario Roberto Santucho y Raúl Sendic, se termine transformando en una pieza de metal más cerca de la canonización y el museo que del fuego de la revolución latinoamericana!¡Justo él!, quien alguna vez, pensando en José Martí escribió: "Porque a los héroes, compañeros, a los héroes del pueblo, no se les puede separar del pueblo, no se les puede convertir en estatuas, en algo que está fuera de la vida de ese pueblo para el cual la dieron. El héroe popular debe ser una cosa viva y presente en cada momento de la historia de un pueblo. Así como ustedes recuerdan a nuestro Camilo, así deben recordar a Martí, al Martí que habla y que piensa hoy, con el lenguaje de hoy, porque eso tienen de grande los grandes pensadores y revolucionarios: su lenguaje no envejece." (Conmemoración del natalicio de José Martí, 28/1/1960).
La canonización de Guevara vaciado de contenido político tampoco es una excepción. Su guía inspirador, Vladimir Ilich Lenin, quien le dedicó su vida a levantar barricadas, construir organizaciones insurgentes y generar revoluciones terminó convertido –gracias a Stalin – en una momia embalsamada.
(c) Desde el tercer ángulo, a notable distancia del mercado y los museos, del negocio y la nostalgia complaciente, Guevara sigue siendo una astilla en el cuello de terratenientes, banqueros, empresarios, policías y militares. Un heredero de Mariátegui, un estudioso obsesivo de Marx, un admirador de Lenin y el político radical más notable de América Latina además de uno de sus pensadores marxistas más heterodoxos. Desde la revolución cubana y el zapatismo de Chiapas hasta la insurgencia colombiana y el bolivarianismo de Venezuela, desde el MST de Brasil hasta los piqueteros de Argentina, desde el estudiantado de Chile hasta los indígenas de Bolivia, todos y todas, continúan referenciándose en él. Lejos de las vidrieras y las manipulaciones oportunistas, continúa existiendo el guevarismo como proyecto político y pensamiento radical.
Los tironeos y las disputas por su herencia multiplican los espejos que reflejan el rostro de varias generaciones argentinas.
Cada generación dialoga con Guevara desde sus propios problemas, sus dudas, sus falencias, sus sueños, sus desafíos pendientes, sus anhelos incumplidos.
La generación del 60 vio en el Che la encarnación de todo aquello que la vieja izquierda ya no podía dar: ejemplo moral, nueva cultura, lucha contra la enajenación y la explotación (al mismo tiempo), crítica de la burocracia, internacionalismo genuino y, sobre todo, un método de lucha político-militar. Para aquella generación Guevara expresa la cabeza visible de un proyecto continental, impulsado por la revolución cubana y Fidel Castro. Una forma de lucha política donde se confronta con las instituciones y el eje pasa al enfrentamiento directo con el poder armado de las dictaduras militares y sus amos del Norte, Wall Street, la CIA, el Pentágono y la Casa Blanca.
Ya asesinado a sangre fría en Bolivia por el ejército y Félix Rodríguez, agente de la CIA que daba las órdenes, la generación del 70 volvió a encontrar en el Che un ejemplo de vida. Pero lo descifró desde otro lugar. Después del Cordobazo, la figura de Guevara se entremezcla con el fantasma de Perón. Aunque existieron corrientes que, apoyándose en el marxismo del Che, dieron una batalla por la conciencia clasista y socialista de los trabajadores y no aceptaron encolumnarse detrás del general Perón y su "capitalismo nacional", fueron minoritarias. En esos años, la mayoría de la juventud argentina veía en el Che a un revolucionario que era parte de una constelación mayor, donde también brillaban otras "estrellas": los generales Velazco Alvarado [Perú], Torres [Bolivia] y el propio Perón. El nacional-populismo fue hegemónico.
Después vino 1976, la dictadura, el terror, el genocidio, la masacre. Más de 100.000 desaparecidos en toda América Latina. Durante esos años tenebrosos el Che Guevara se convirtió en un desaparecido junto con sus libros, su imagen y su póster.
A partir de 1983 el pueblo volvió a la búsqueda. Muchos jóvenes que no habían vivido los 60 y los 70, se abocaron a reconstruir el pasado.
Un sector de intelectuales, ex izquierdistas, sumados al gobierno de Raúl Alfonsín, le proporcionó a la juventud un relato tramposo, sesgado, unilateral. Guevara habría sido "un rebelde bienintencionado, pero que no entendía nada de política". De la mano de la teoría de los dos demonios, algunos ex marxistas lo parangonaban a los militares genocidas. Triste y mediocre teoría que homologaba al almirante Massera y al torturador Astiz con revolucionarios como Rodolfo Walsh y Raymundo Gleyzer.
Entonces volvió el Che en las remeras y los libros, pero no en política. ¿Quién se animaba, en los 80, a defender la actualidad política de Guevara? No sus canciones o su iconografía.
Y apareció Menem, quien llegaba con la vieja retórica y la añeja puesta en escena nacional-populista. Mientras se denostaba al Che, se privatizaba la Argentina de raíz y caía el Muro de Berlín.
Desde aquel derrumbe bochornoso de las burocracias del Este europeo (que Guevara había impugnado duramente), el neoliberalismo económico y el posmodernismo cultural parecían eternos.
Mientras las recetas económicas de Milton Friedman privatizaban en los '90 hasta el agua, el mundo se desencantaba de la imaginación sesentista. El posmodernismo, bajo el pretexto de defender a las minorías y sus diferencias, terminó legitimando un reino monocorde, triste y sin alternativas. El "hombre mediocre " sin ideales ni aspiraciones, del que hablaba José Ingenieros cien años atrás, se volvió moneda corriente. Lejos quedaba el "hombre nuevo" del Che.
Pero ese supuesto "fin de la historia" (Francis Fukuyama), ese "agotamiento de la política" (Daniel Bell) y esa "crisis de los grandes relatos" (Jean François Lyotard), duró muy poco.
Reivindicando al Che, en 1994 entran en escena los zapatistas y le dan la primera estocada al "Nuevo Orden Mundial". Al poco tiempo se suceden las rebeliones en América Latina y el primer mundo: La Paz, Seattle, Davos, Barcelona, Buenos Aires, Génova, etc. En todos lados la bandera con el rostro del Che Guevara acompaña la insurgencia juvenil. Rápidamente entran en crisis los falsos axiomas neoliberales: Mayor mercado = mejor democracia; más sumisión a Estados Unidos = más derechos humanos; privatización = superación de la burocracia, etc.
En Porto Alegre los Foros Sociales Mundiales abren el siglo XXI gritando: "Otro mundo es posible". Renacen la sed de ideología, el apetito de totalidad, la necesidad de una cosmovisión de la historia y el deseo de cambiar el mundo. Se profundiza la crisis del pensamiento en migajas y se agota el culto dogmático del fragmento.
Retorna una vez más el mensaje del Che. Se palpa en el aire. Decenas de miles de jóvenes, hastiados con la vieja política, hartos del sistema capitalista y del neoliberalismo, sin una dirección definida por delante, pero a la búsqueda de una nueva alternativa de vida, enarbolan en marchas y movilizaciones, en estadios de fútbol, en plazas, en parques, en recitales, casi fanáticamente, la bandera del Che.
¿Qué les ofrece el Che? Un pensamiento político donde lo central de la estrategia es el problema del poder. Una concepción de la transformación social, la subjetividad y la revolución, donde la conciencia antiimperialista, clasista y socialista es fundamental, donde se disipan las ilusiones en las tímidas reformas y las medias tintas, en la progresividad de la "burguesía nacional" y en el populismo. . . En definitiva, un nueva cultura y un ejemplo de otra manera de vivir, donde queda abolido para siempre el doble discurso y la doble moral. La estrella del Che Guevara, por sobre el mito y la leyenda, vuelve para quedarse.
Publicado en Revista Ñ (14/06/2008)
Un acercamiento a la intrínseca relación entre los medios y la política, las tecnologías y el poder. Apuntes para pensar la actual coyuntura y las relaciones de fuerza que subyacen en nuestra estructura social.
INTRODUCCIÓN: Política, comunicación, masificación e ideología dominante
Hay quienes hoy consideran a los medios de comunicación, con toda su tecnología en desarrollo, como algo total y plenamente separado del plano político[1]. Suponen, con sólida convicción, que los medios han surgido y se mueven, tal vez, gracias al designio divino de alguna providencia desinteresada, porque la tecnología que “perfecciona” la comunicación masiva, según ellos, no tiene ni origen, ni rumbo, ni fin predestinado[2].
A sensu contrario, lejos de esa noción, en este trabajo se intentará cristalizar - basándonos en el marco actual - la inexorable relación entre política y comunicación.
En primera instancia, insistimos en la necesidad de abandonar la idea mítica de una tecnología neutra[3]. Luego, antes de comenzar el análisis, es menester tener en cuenta, al menos de manera escueta, el panorama político mundial en estos días, que no esbozaremos aquí por una cuestión económica; sólo diremos que nadie puede negar la preponderancia insoslayable de Estados Unidos como potencia hegemónica, no sólo en el nivel económico y bélico, sino también, ideológico, político y cultural.
En relación con esta idea, consideramos, siguiendo a Héctor Schmucler, que el actual dominio tecnológico de las comunicaciones posee su basamento hegemónico en Estados Unidos[4].
Con los contundentes avances técnicos en torno a la comunicación, “el mundo está en trance de convertirse en campo abierto para los dueños de la tecnología: estos medios (que evolucionan a un ritmo vertiginoso) podrán someter a todos los otros a sus propios modelos”[5], y la sociedad que detente estos medios tendrá grandes posibilidades de imponer a las demás su propia ideología, cultura y pensamiento político.
Sucede que los grandes medios son un motor indispensable de estimulación de la cultura hegemónica. Y en definitiva, lo que se busca es la consolidación de lo que Herbert Marcuse llamó: Sociedad Unidimensional[6], en donde se volatilice toda oposición concreta a la política dominante, en donde las diversas clases sociales luchen solamente por la preservación y mejoramiento del statu quo, en donde nadie pueda pensar más allá de los límites establecidos, en donde prevalezca una homogeneización de nuestras íntegras formas de vida; en fin: en donde todos seamos parte de una masa amorfa donde predomine el consumo, la incomunicación y la incapacidad para juzgar, distinguir[7] y pensar individualmente sin la ayuda de una fuerza heterónoma.
En una sociedad donde es casi imposible pensar otra sociedad (más justa), “la comunicación aparece en el momento culminante de dominio mundial. La razón tecnológica se impone como valor universal y su aceptación indiscriminada encubre el verdadero proceso de homogeneización de estructuras en nivel universal”.[8]
El progreso y el contrasentido estructural del imperialismo
¿Por qué además de indiscriminada, esta aceptación (de la racionalidad tecnológica) es fuertemente acrítica[9] en los países denominados “en desarrollo”? Esta última denominación lleva implícita parte de la respuesta. Sucede que se ha difundido y naturalizado cierta terminología, merced de los grandes medios masivos, principalmente. Esta terminología, funcional a la ideología dominante, se ha incorporado de manera indiscutible a la jerga occidental. La imposición de calificativos tales como “desarrollado” (en país desarrollado) y “primer mundo” por contraposición a sus complementos dicotómicos “subdesarrollado” y “tercer mundo”, crearon una conciencia ineluctable del modelo a seguir: el dominante.
Por supuesto, esta imposición (con toda su implicancia) está ligada y fundada en una determinada concepción del progreso. Esta deletérea noción encuentra su justificación última en una larga tradición positivista. Hasta hoy prevalece la idea arcaizante de que vamos hacia el progreso, concibiendo a éste como un mero avance técnico y económico.
En resumen: “los valores consagrados por algunos países se erigen en ideales a alcanzar por toda la humanidad. Esa visión del mundo está impregnada de la idea de que la civilización avanza continuamente”.[10]
Si bien la tecnología ha crecido aceleradamente en los últimos años, es en los países oprimidos - principalmente - donde se hacen visibles sociedades estructuralmente duales. En la mitad del siglo pasado, Gino Germani ya había divisado, en América Latina, un asincronismo técnico y geográfico; o sea, la utilización de los elementos más recientes de la técnica al lado de la supervivencia de instrumentos ya caducados[11]. Esta interpretación nos es útil para ilustrar un contraste mucho más pérfido que hoy nos circunda; se trata de la abrupta contradicción entre el enorme avance técnico, por un lado, y la gigantesca masa de ciudadanos sumidos en la más infame indigencia, por otro. Esta incoherencia es lo que denominamos: inevitable contrasentido estructural del capitalismo en su fase superior.
Aquí es donde la noción positivista del progreso pierde toda su raison de ser. Dicha concepción debe ser reinterpretada. Ya no debe ser concebida como algo estrictamente indefinido, como un camino por donde la humanidad avanza permanentemente. También debe derruirse la noción de que cuanto más avance la ciencia más progresaremos y, por ende, mayor bienestar y felicidad logremos...
Está claro que los valores dominantes no siempre se imponen por la fuerza[12]. Muchas veces, existe cierto consenso hacia la aceptación de éstos. Este consenso se debe a múltiples factores[13].Uno de ellos, muy importante por cierto, son los medios de comunicación, con sus avances tecnológicos ligados, como ya se dijo, a una determinada concepción del progreso, que presentan a la cultura dominante como el modelo a seguir, invitando así a aceptar sus reglas de juego.
Lo que debe considerarse como progreso - si es que aún puede utilizarse tal vocablo - debe ser un desarrollo del orden social y cultural, referido no a la aceptación de la intromisión de una cultura foránea, sino a la estimulación, por parte de cada pueblo, del desenvolvimiento de sus particularidades específicas para, desde allí, resolver sus conflictos sociales.
Olvidada entonces la vieja concepción, ahora se hace más inteligible la idea nietzscheana que reza: “No vamos hacia ningún progreso, sólo de dominación en dominación”; ocurre que, en términos del materialismo histórico, “opresores y oprimidos se enfrentaron siempre”[14]. Desde el nacimiento de la cultura occidental – concibiéndose a las narraciones de la Ilíada –, las luchas por el poder político y económico no han cesado; desde que las huestes aqueas arribaron en las costas de la ciudadela de Troya, con la excusa de rescatar a la argiva Helena, hasta la invasión estadounidense a Irak, con una excusa abominablemente más falaz, han pasado más de 3000 años...
Son más de 30 los siglos que nos demuestran que no hemos ido hacia ningún progreso. Por supuesto, las armas mejoraron, la ética bélica y sus inmundicias, siguen siendo las mismas.
La publicidad como “ideología”
El capitalismo lanza axiomas constantemente[15] y vive a fuerza de revolucionar incesantemente sus medios de producción[16].
Para resumir lo mencionado en el apartado anterior, sostenemos que lo que busca el poder dominante es imponer sus valores culturales, creando en los países dominados un modo de pensamiento y una ideología uniformes, para que de ese modo, la dominación sea más efectiva debido a su simplicidad. Dijimos que los medios masivos cumplen un rol fundamental en la transmisión de esos valores. Veamos más precisamente que ocurre con la publicidad[17], el motor de la axiomática.
Con el predominio de un único público homogéneo, una simple publicidad surte efecto sobre un auditorio en extremo inconmensurable. Ya Adorno y Horkheimer habían vaticinado la llegada de una época atravesada por una publicidad universal[18].
Creemos que, como indican los autores de la Escuela de Frankfurt, “la publicidad es el eje de la industria cultural[19], es su elixir de vida”[20].
La publicidad es hoy - más que nunca – un dispositivo de bloqueo que combate al enemigo ya derrotado, al sujeto pensante [21].
Es lícito juzgar que, por un lado, el efecto publicitario se funda en la noción de que “las masas engañadas creen en el mito del éxito aún más que los afortunados”[22], esto es, conciben al progreso en términos positivos; por otro lado, en “la falsa sociedad, la ley suprema es que sus súbditos no alcancen jamás aquello que desean”[23], lo que se traduce en que los dominados consoliden su perpetuidad como tales, debido a que persiguen una presa en extremo inalcanzable, reproduciendo, de alguna manera, una vieja aporía en la cual Aquiles caía derrotado ante una tortuga, en la carrera[24].
En fin: la publicidad, como toda la industria cultural, ofrece un ideal al mismo tiempo que cercena las posibilidades de que (éste) sea alcanzado.
Por otra parte, la civilización colindante con la industria cultural concede a todo un aire de semejanza[25]. Y cuando no se logra la óptima constitución de un pensamiento autónomo, no se puede escapar al estereotipo que se impone desde y para la masa.
Hoy, la máxima de Friedrich Nietzsche que proponía que ser diferente era un arte, cobra más bríos que nunca[26].
¿Sociedad de la información o sociedad de la dominación?
En una situación donde los medios masivos de comunicación se encuentran diseminados por todo el mundo, donde constantemente están presentando de manera ornada el modelo a seguir, la dominación se ejerce casi sin resistencia.
Este gran impulso mediático constituyó la denominada sociedad de la información, sociedad asentada en las ideas fuerzas de la liberación, la desregulación y la competitividad internacional[27].
Prescindiendo de las reticencias, la sociedad de la información está asentada y va de la mano con las fracasadas y devastadoras teorías neoliberales. Para Becerra, “el proyecto de la sociedad informacional (...) se fundamenta en la particular reedición de los ideales modernos, tales como la convicción del progreso indefinido, la fe en el desarrollo, la esperanza en el porvenir, la confianza en la integración, y la creencia providencial del mercado”[28].
La intrínseca relación entre la comunicación y la política se nos presenta inapelable.
Una doble problemática
En muchos de los escritos referidos a la sociedad de la información, se puede vislumbrar la coexistencia de dos tipos de preocupaciones centrales y disímiles, que proyectan sus autores, autores que pueden ser enmarcados en dos grupos.
Por un lado se encuentran aquellos pensadores que están interesados por encontrar un encauce adecuado a los fines tecnológicos, es decir, cuestionan la política actual y proponen una tecnología que cumpla la función de satisfacer la necesidades humanas básicas.
Por otro lado, están los preocupados, más que en la satisfacción de necesidades básicas, en el perfeccionamiento, en esencia superfluo, de cuestiones técnicas. Nicholas Negroponte, por ejemplo, está muy impaciente tratando de que su tostadora no le queme el pan e intentando resolver una cuestión tan peculiar como graciosa que le molesta sobremanera: la búsqueda y devolución de casetes en el videoclub[29]. En parangón con el hambre y la miseria en África, las preocupaciones de Negroponte ¡en verdad que son relevantes!...
No es que se pregone desde aquí el retorno al medioevo; la tecnología debe crecer pero las políticas en las que nacen y se utilizan deben ser fuertemente modificadas. Porque concepciones progresistas como las de Negroponte, casi siempre (si no siempre) están ligadas estrictamente a ideas políticas conservadoras. Basta una lectura superficial y veloz del Digital being para conocer que su autor le está hablando solamente a una élite. Además, los costosos y continuos avances técnicos que según sus augurios proféticos tendrán lugar en un futuro cercano, difícilmente sean asequibles para el grueso de la población mundial. La revisión del statu quo (con sus injusticias sociales y diferencias de clases) no es tema de importancia para una persona preocupada en que su heladera le recuerde a su automóvil que se quedó sin leche[30].
No queremos elucubrar aquí una crítica exhaustiva a las nociones del autor del Ser digital. Pero consideramos que en el plano político y social actual, las exigencias primarias demandan cosas diferentes a las por él aportadas.
Por otro lado, hay que tener en cuenta – y esto no es menor – que a medida que avanza la tecnología también avanza irreversiblemente la destrucción del planeta. Las estadísticas demuestran que muchos de los países más avanzados en materia tecnológica son también los que más contaminan el medioambiente.
Por supuesto, esto obedece estrictamente a cuestiones políticas.
Origen y conclusión
Hay quienes se han preguntado cuál es el objetivo de muchas de las tecnologías que se han gestado. Schmucler habla de un origen militar de las nuevas tecnologías: “Sería difícil negar el hecho de que una inmensa proporción de los recursos asignados para la investigación y producción de hardware y software de la información son producto de las necesidades bélicas”[31]. El fenómeno de Internet, por ejemplo, ha tenido su origen en el ámbito militar[32].
Muchas de las tecnologías que se han generado con fines bélicos, luego se han ido incorporando progresivamente en la vida cotidiana de la población. Como bien es sabido, la intromisión de una nueva tecnología en un orden social implica todo un reordenamiento de este orden, debido a que la nueva tecnología condiciona el medio social en el que se inserta. Por esto, es necesario, saber si la instalación de determinadas técnicas involucra la constitución de las mismas estructuras de donde son originarias[33].
Todo esto no hace más que vaticinarnos la conclusión de que pensar la actualidad política obviando a los medios masivos, es una grave falencia, pero considerar a los medios como un factor aislado del orden establecido, es una necedad.
Como ya se mencionó, la producción y finalidad de la tecnología mediática deben ser reorientadas hacia la satisfacción de necesidades humanas reales. Para lograr esto, el orden político y social mundial, tiene que ser otro. Toda liberación depende de la toma de conciencia de la servidumbre.[34]
Notas
[1] Con plano político no nos referimos solamente a la política gubernamental, sino a toda la esfera política en su amplio sentido.
[2] Como aquí nos referimos explícitamente a la coyuntura histórica que se relaciona con la denominada “sociedad de la información”, cuando hacemos alusión a los medios de comunicación o simplemente a la comunicación, también nos referimos al enorme aparato tecnológico que hoy sustenta y profundiza esa comunicación en este período de globalización. En este trabajo, entonces, la concepción de comunicación se encuentra ligada a la de tecnología y viceversa.
[3] Schmucler, H. “Nuevas tecnologías en Comunicaciones y el reforzamiento del Poder transnacional” en Memoria de la comunicación. Ed. Biblos. 1997. Pág. 72.
[4] Para Schmucler, este dominio tecnológico le permite a Estados Unidos acentuar su hegemonía. (op. cit., pág. 63).
[5] op. cit., pág. 78.
[6] Véase: Marcuse, H. El hombre unidimendional. Ed. Planeta – Agostini. Barcelona. 1985.
[7] Aquí nos servimos de una concepción de Hannah Arendt. Para esta autora “los rasgos del hombre de masa {serían} su incomunicación (...), su excitabilidad y carencia de normas, su capacidad de consumo, unida a la incapacidad para juzgar o incluso distinguir (...), su egocentrismo y (...) alienación”. Arendt, H. “La crisis en la cultura, su significado político y social” en Entre el pasado y el futuro. Ed. Península. Barcelona. 1996. Pág. 211.
[8] Schmucler, H. op. cit., pág. 67.
[9] “La aceptación acrítica de las nuevas tecnologías está perfilando novedosas formas de sometimiento... (op. cit., pág. 61).
[10] Schmucler, H. op. cit., pág. 70.
[11] Germani, G. “Democracia representativa y clases populares” en Populismo y contradicciones de clase en Latinoamérica. AA. VV. México. Era 1997, 2ª. edición. Pág. 12.
[12] La “democracia” que se está intentando adaptar a sangre y fuego en Irak, es un ejemplo de imposición de un valor - político y social – por medio de la violencia.
[13] Que para describirlos y analizarlos sería necesario otro trabajo, y de mayor extensión.
[14] Marx. K. Manifiesto comunista. Ed. Guernica. 1985. Pág. 33.
[15]Véase: Deleuze, G. Derrames, entre el capitalismo y la esquizofrenia. Ed. Cactus. Bs. As. Pág. 20.
[16] “La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción”. Marx. K. Op. cit., pág 36. Aquí, en una relación metonímica, consideramos como sinónimos al capitalismo y a la burguesía.
[17] “En nuestra época merece especial atención el papel que puede llegar a desentrañar la publicidad, la cual puede dirigir el consumo de determinados satisfactores como si fueran los únicos capaces de colmar ciertas necesidades reales”. Schmucler, H. op. cit., pág. 66.
[18] Adorno, T. Horkheimer, M. “La industria cultural” en Dialéctica del Iluminismo. Ed. Sudamericana. Bs. As. 1998. Pág. 177
[19] En este trabajo se interpreta a la concepción de industria cultural de manera similar a la adorneana, es decir, como la integración de la conciencia social a través de los medios; donde hay una totalización y se está en contra de la especificación.
Si bien Adorno considera que la homogeneización cultural es producto de la industria cultural, para nosotros no es el único factor que promueve dicha homogeneización, aunque sí, el más importante.
[20] Adorno, T. Horkheimer, M. op. cit., pág. 194
[21] op. cit., pág. 194.
[22] op. cit., pág. 179
[23] Adoptamos los términos textuales de Adorno y Horkheimer, como masas engañadas y falsa sociedad, para ser fiel a la cita, pero lo conveniente, es interpretar dichas nociones en el contexto lingüístico (cotexto) en el que se encuentran inmersas.
[24] Aquí nos referimos a una famosa teoría de Zenón de Elea. Véase: Carpio, A. Principios de Filosofía. Ed. Glauco. Bs. As. 1998. Pág. 46-47.
[25] Adorno, T. Horkheimer, M. op. cit., pág. 146.
[26] “El arte de saberse distinto” es la frase de Nietzsche a la que hacemos referencia.
[27] Becerra, M. Sociedad de la información. Ed. Norma. Bs. As. 2003. Pág. 11.
[28] op. cit., pág. 23-24.
[29] “Lo que a mí me molesta es ir a buscar -y devolver- átomos, en lugar de recibir bits que no tengo que devolverlos” Negroponte, N. Ser digital Ed. Atlántida, Buenos Aires, 1995. Pág 176.
[30] op. cit., pág. 214.
[31] Schmucler, H. op. cit., pág. 72-73.
[32] “Los orígenes de ese fenómeno mundial llamado Internet se remontan a más de treinta y cinco años atrás, como un proyecto de investigación en redes de conmutación de paquetes, dentro del ámbito militar del Departamento de Defensa Americano”. Rossi, E. “Gráfica sin papel. Arte y diseño en la era virtual”. Comunicación Visual Gráfica I, UNR. Rosario 2005. Pág. 1.
[33] Schmucler., H. op. cit., pág. 78-79.
[34] Marcuse, H. El hombre unidimendional. Ed. Planeta – Agostini. Barcelona. 1985. Pág. 37.