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El antropólogo Ernst Cassirer, ante la idea de animal racional, prefiere pensar al hombre como un animal simbólico, único animal capaz de crear lenguaje y, por lo tanto, cultura.
En este sentido, resulta curioso que la cualidad que nos diferencia de los animales se presente hoy ampulosamente bastardeada. Pero, parafraseando a Marx, es palmario que el sistema crea, ante todo, a sus propios sepultureros.
Si bien parece una verdad de Perogrullo, la cultura existirá mientras haya humanidad. Y es en ella donde se forjan los ideales de cambio que pueden conducir a la construcción de una sociedad justa e igualitaria. Desde aquí trabajamos para eso. Gracias por desandar con nosotros este laberinto. Gracias por ayudarnos a buscar el curioso ovillo.
El proceso está en marcha. La Cabalgata de las Valquirias aporta su granito por una revolución cultural. ¡Adelante! La cultura no tiene nada que perder salvo sus propias cadenas.
Otra vez a la cancha. La Cabalgata de las Valquirias vuelve a colocarse la camiseta de la cultura e invita al mundo a participar del gran juego. Como otrora en el aire de una FM, hoy en la web, la cultura – ese concepto que tanto nos agrada aunque no sepamos a ciencia cierta qué es – intenta ser-de-todos y ser-con-todos. Bienvenidos aquellos que deseen su cálida compañía.
Hoy nos hallamos inmersos en una coyuntura histórica compleja y árida, en un presente con ínfulas de conexión global. Pero en esta “sociedad de la información”, las comunicaciones mediáticas emergen, en su gran mayoría, viciadas por espurios intereses, económicos y/o partidarios.
En este contexto y bajo estas circunstancias, La Cabalgata propone política sin mezquindades corporativas (que nada tienen de política). Propone la búsqueda de una sociedad justa, modelo de sociedad que se encuentra en las antípodas del egoísta sistema individualista- liberal que nos circunda (y que nada tiene de “liberal”). Propone, y esto quizás sea lo más importante, abandonar el sentido común para poder transitar por los vastos senderos del buen sentido, tal como proponía el pensador italiano Antonio Gramsci.
Hacer inteligible la compleja trama de relaciones que sostiene la realidad es el primer gran paso para operar sobre ella. Aquí la cultura actúa, impoluta, como personaje ineluctable.
Por esta razón, La Cabalgata presenta una amplia gama de matices culturales y artísticos, pero también análisis profundos de nuestra sociedad, acompañados siempre por una enorme caja de herramientas repleta de elementos históricos y teóricos. Porque creemos que la mera transmisión de información no siempre alcanza para aprehender la realidad; para abordarla, críticamente, muchas veces se requiere de un necesario conocimiento, un conocimiento que promueva la reflexión, la comprensión y la producción de propias conclusiones.
La realidad no es unívoca, de allí, su complejidad. Para poder pensarla de manera autónoma es menester romper con viejos axiomas perpetuados por el paso del tiempo. Estas ideas, que suelen presentarse como inmutables, se hallan arraigadas en nuestra propia lengua. Heidegger no en vano tuvo que crear un nuevo dialecto del alemán para terminar con toda una tradición de pensamiento.
Lo que sigue, entonces, es la necesaria revisión de conceptos como el de democracia, libertad, justicia, igualdad, paz… Y algunos más próximos a nuestra cotidianeidad, tales como redistribución de la riqueza, progresismo, patria y república.
Intentaremos andar y a la vez desandar – como viejo león nietzscheano – estos fangosos caminos.
Y… ¿por qué hacemos esto?
Sería demasiado complejo definirlo con presteza. Sólo podemos decir que son nuestras humildes convicciones las que nos apremian, las que nos obligan a actuar de este modo. Sucede que no nos conforma ser meros agentes pasivos de nuestra historia, simples espectadores segregados de la escena principal de la vida.
Ahora sí, podemos vivir. Podemos vivir, como diría Neruda, aunque no acepten nuestras vidas unos cuantos hijos de puta.