Los estudiantes y el espejo
Para el pasado Día del Periodista, el Sindicato de Prensa Rosario realizó una charla en La Comedia, donde expusieron los periodistas Ricardo Horvath y Quique Pesoa. Ambos se despacharon contra la formación de los profesionales de la comunicación. Los presentes, en su mayoría estudiantes, se sintieron tocados y molestos.
El teatro está lleno de jóvenes. El cronista se mira, nota que esos jóvenes son más jóvenes que él mismo y se dice que cada vez más postsecundarios eligen carreras vinculadas al periodismo y la comunicación. Eso lo dice porque él mismo llegó tras largos años por otros lares.
Algunos de esos jóvenes son caras que se han visto en los pasillos o en el bar de la facultad de ciencia política; otros del ISET, “la escuelita”, como le dicen peyorativamente docentes y alumnos de la UNR; hay de la UAI y de TEA. Hay de todo, para todos. Hay estudiantes, eso. Muchos estudiantes. El cronista celebra.
No es un día del periodista más. Este es un año donde por fin el romanticismo en torno al inmaculado cuarto poder se cuestiona, donde empieza a ser cada vez más claro que la construcción de la realidad que hacemos desde los medios es apenas eso: una construcción de muchas posibles.
Además, este año, parece, el congreso discutirá la perimida Ley de Radiodifusión de la dictadura para ponerle por fin a la recuperación democrática un instrumento fundamental: legislación en torno a la radiodifusión. Ello implica que ya se esté discutiendo la cosa en los diarios, las radios, los foros de Internet, los cafés de la esquina.
A Quique Pessoa le gusta provocar. A veces parece que no es mucho más que eso: un tipo con buena voz, buen background, y ganas de provocar. Bastante para el oficio periodístico, ese que ninguna “escuelita” ni casa de altos estudios es capaz de enseñar. Horvath también provoca. Le sobran redacciones para hacerlo.
Ambos se explayaron lindo en torno a la problemática de la Ley de radiodifusión, el rol de los medios en torno al conflicto con el campo, las posibilidades de transformación que ofrece trabajar en periodismo, y un etc. que, hay que decirlo, no sorprendió, cautivó o iluminó ni a los estudiantes de primer año.
Lo que sí hicieron fue provocar reacciones frente a un punto en el que parece que a nadie le gusta discutir: la propia formación. Horvath relató una charla con la socióloga Alcira Argumedo que se reproduce más o menos: Horvath: “Ahora los periodistas van a la facultad, van a salir por lo menos comunicólogos”; Argumedo: “Ni eso”. Pessoa fue un poco más allá. Dijo textualmente: “No saben escribir”. Y de allí: “No tienen libre albedrío; no tienen pensamiento independiente”, hasta “no tienen pensamiento, no saben interpretar, son analfabetos funcionales”, poniendo énfasis en el deseo de aparición en los medios, fama, poder, dinero, etc. que alimenta la estadía en las aulas de las carreras ligadas al periodismo y la comunicación.
A los estudiantes no les gustó. Un mal argentino: cuando nos ponen un espejo en frente y no nos gusta lo que vemos, nos enojamos.