La Vida Vista Desde un Balcón
Textos olvidados en el baúl de los recuerdos. El necesario rescate. El reflejo del alma. El imperioso sondeo de ese todo inextricable llamado existencia. A continuación, una búsqueda agónica en clave literaria.
Una vez confirmado el punto fijo escogido, ya no hay vuelta atrás. Todo movimiento, toda luz, toda brisa se filtran en el egoísta ángulo y así comienzan las controversias – o la soledad.
El tiempo transcurre invadiendo la calma con miradas nuevas y pensamientos gastados, pero ya el cuerpo se ha provisto de escamas relucientes, de aureolas fortificadas que impiden que la duda ose atravesar el muro.
Y se lame el pasado sin dejarse distraer por las sirenas que invitan a estrenar orillas, que arremeten la comodidad con promesas de otros cielos.
El rincón mullido de estelas ya es refugio de tempestades y la noble progenie hallará en esa intersección inalienable la profusión exacta de víveres, como para no salir jamás.
Y generación tras generación reproducirá, en distintos ángulos, iguales puntos fijos y no habrá más necesidad de sacudimientos para lograr la estabilidad.
Una vez reproducido el orden, ya no hay vuelta atrás.
…
Y el inventado arquetipo que, perfecto, creamos
dice, en su silencio, que prefiere el aire.
El aire y lo no dicho, lo no hecho, lo anhelado,
y no la certeza de lo ya concreto, concluido.
Obtusa visión de vergonzoso arrebato,
inconclusa fluctuación de cometas errantes,
mezcla ecuánime de energía y pereza,
conjunción exánime de delirio y vida.
Y la omnipresencia de la mente, indesterrable,
dice, en su tiranía, que no cederá a lo tangible.
Expresión insigne de deseo acorazado en manto sublime,
magnetismo insomne que atrae un sentir,
sentidos que se bifurcan, que se consuelan, que se redimen,
exaltación que encauza la furia en portentoso devenir.
Y los cuerpos danzan detrás del viento,
en el contorno de las sombras que ronda el precipicio.
Y las miradas combaten delante del eterno preámbulo,
en el borde preciso del cataclismo de las almas.
La conjunción sagrada emana luces,
los miedos caen de bruces en la noche agitada,
en haces fosforescentes que tras el cielo se expanden...
pero el inventado arquetipo aún así prefiere el aire
(trémulas y frías las miradas combaten).