La Depresión
Desde la perspectiva del esquizoanálisis, la autora aborda una problemática que nos circunda: La depresión. Aquí nos brinda un modo de pensarla más allá de los límites impuestos por la ciencia psiquiátrica.
Psicóloga – Docente universitaria
La depresión es un cuadro psiquiátrico que describe un conjunto de síntomas que enumero a continuación:
Tristeza persistente, ansiedad o vacío.
Pérdida de interés o placer en actividades que antes disfrutaba, incluso las relaciones sexuales.
Inquietud, irritabilidad o llanto excesivo.
Sentimientos de culpa, de no valer anda, de impotencia, desesperanza y pesimismo.
Dormir demasiado o muy poco.
Pérdida de apetito o peso, o ingesta excesiva de comidas y aumento de peso.
Disminución de energía, fatiga.
Pensamiento de muerte o suicidio, o intentos de suicidio.
Dificultades para concentrarse, recordar o tomar decisiones.
La sumatoria de estos síntomas constituye a una persona en un caso clínico, o sea, la representación en un sujeto particular, de la confluencia de un conjunto de síntomas llamada depresión.
El abordaje que se realiza en consecuencia, es puramente farmacológico o, a veces, combinado con terapias que terminan siendo subsidiarias de esta perspectiva de la ciencia que reduce la depresión a una deficiencia de serotonina. Entonces, el paciente es medicado, muchas veces, sin efectuar prueba alguna que determine la tan mentada insuficiencia y si mejora se corrobora la enfermedad. Resulta paradójico que la depresión se define por la respuesta al medicamento.
Este enfoque del caso del “depresivo” y su diagnóstico concomitante y fatal, en vez de abrir cierra las alternativas del sujeto aquejado por esta sintomatología.
Prefiero considerar estos síntomas o “anomalías” del sujeto como signos de un acaecer que fisura el mundo de una identidad severamente construido. Los signos de este acontecimiento pueden ser aprovechados en la clínica como deseo de cambio y transformación, en vez de ofrecerle al sujeto un límite y reducirlo al sometimiento y, por ende, a la inmovilidad.
No es casual hoy la emergencia de gran cantidad de estos casos de depresión y es preciso cuestionar el modo en que los presenta la ciencia, cuál es su abordaje terapéutico en esta última etapa del capitalismo y cuál es el para qué de estas metodologías, es decir, lograr inhibir la expresión de una mundo lleno de posibilidades, sin cerco a lo indeterminado de la libertad.
Tomaré uno de los síntomas consignados, a saber, la sensación de vacío para mostrar en qué consiste la operación clínica del esquizoanálisis.
El vacío más que una carencia es la experiencia de la soledad más absoluta. Producimos en soledad, en todo caso se trata de una soledad extremadamente poblada. No la pueblan fantasías, ideales o proyectos sino que la pueblan encuentros. Sólo a partir del fondo de esa soledad pueden hacerse todo tipo de encuentros no necesariamente con personas. Pero, entonces, qué es un encuentro, es hallar en ese desierto que es el vacío, ideas que nos conmocionen, movimientos que nos sorprendan y toda una suerte de composiciones de las que somos capaces.
Si hay algo que constituye nuestra esencia es la experimentación con uno mismo, toda una política y una ética de vida. La depresión como cuadro psiquiátrico cancela esta posibilidad.