Heridas abiertas, memoria alerta
El autor indaga una de las épocas más oscuras de la historia española. Aquí, la memoria es reclamada con vehemencia para rescatar un pasado que se parece bastante al nuestro.
España está viviendo un momento histórico, más allá de la crisis financiera que dará lugar a un orden diferente, hay otros acontecimientos que agitan la placidez de valles y aldeas ibéricas.
Al parecer hay quienes tomaron la trascendente decisión de hacer añicos la lápidas de silencio que el franquismo, postfranquismo y los falangistas y conservadores de la más diversa laya echaron sobre los sufrientes durante la Guerra Civil (1936-1939).
El alzamiento de Mola, Sanjurjo, Millán de Astral, Queipo del Llano y por supuesto el Gral. Franco, ensangrentó a España. Los terratenientes, los inquisidores torturadores de mentes infantiles e invasores de alcobas no soportaron la proclamación de la Segunda República en 1931.
Para el Obispo de Toledo, cardenal Isidro Gomá, cualquier atisbo de democracia o igualitarismo era una desgracia, y él, junto a Gil Robles, inició la conspiración el mismo día que el poeta Antonio Machado enarbolaba la bandera republicana en Ávila.
Paradojas de la historia, tiempo después el ministro Maura, católico confeso, debió expulsarlo a Francia. Gomá volvió apenas el llamado alzamiento nacional e inició la cruzada de exterminio en julio de 1936.
El franquismo se hartó de prohibir toda expresión de libertad creativa: literaria, artística, musical, etc. Miles de muertos, presos y exiliados. Los principales poetas, escritores, músicos, pintores: Machado, Juan Ramón Jiménez, Alberti, León Felipe, Manuel de Falla, Ramón Sender, Pablo Ruiz Picasso, fuera de España, y en el interior de la misma padeciendo en las mazmorras: Miguel Hernández y miles más. Durante más de cuatro décadas de escarnio.
Ahora cuando se busca identificar las tumbas masivas, esclarecer la verdad histórica, se reprocha el querer reabrir las heridas, como si nada, con total hipocresía.
Los causantes de las heridas son los mismos que en toda latitud prefieren el silencio, le temen a las palabras, a los recuerdos. La sombra de sus horrendas andanzas los atormenta.
Los que aspiramos a un mundo con libertad y justicia decimos como el heroico Miguel Hernández: “para la libertad, canto, lucho y pervivo”.