El pánico: una enfermedad del tiempo en nuestro tiempo
Una mirada teórica destinada a analizar la mancomunión entre el pánico y el tiempo, intentando, desde la problemática, buscar una salida hacia la libertad.
A menudo escuchamos enunciados que incluyen el tiempo en su decir, a saber: “Estoy matando el tiempo”. “No tengo tiempo para nada”. “Lo haría si tuviera tiempo”. “El tiempo es oro”, “No me haga perder el tiempo, mi tiempo vale.” “Ya no estás para eso, se te pasó el tiempo” y así podríamos continuar citando frases semejantes indefinidamente.
Vemos que siempre ocurre algo, aún cuando dormimos el río del tiempo fluye y no podemos prescindir de él.
Es que somos tiempo y devenir constantes.
Los filósofos han querido resolver la problemática del tiempo convirtiéndolo en una paradójica ilusión o en un perpetuo fluir. Sin embargo, seguimos perplejos por el misterio del tiempo.
En el mundo cotidiano nos agenciamos de distintos modos de pensar, de sentir y de vivir el tiempo y estos diferentes puntos de vista configuran nuestros modos de vivir sanos y enfermos.
Nietzsche sostuvo que la salud y la enfermedad son puntos de vista y que oscilamos en un eterno movimiento de uno al otro.
En consecuencia, si somos tiempo podemos hacer un mapa y analizar en qué tiempo vive cada uno de nosotros. Será un mapa en movimiento o en proceso que irá configurando una identidad móvil o de permanencia en lo fugaz.
Existen por lo menos dos tiempos: el tiempo cronológico y el tiempo del acontecer en el instante, intenso, fugitivo e inapresable.
¿Cuántas veces escuchó hablar de los ataques de pánico? Es un síntoma cada vez más común. Por su componente orgánico se lo asocia al estrés y va acompañado de manifestaciones de ansiedad, tensión, temblores, sudores fríos, cosquilleo en el estómago, respiración dificultosa y ritmo cardíaco irregular. Esa respuesta puede surgir en un espacio cerrado, abarrotado de gente, en compañía de un amigo o en la soledad de una habitación. También los pensamientos desagradables, por ejemplo, creer que vamos a morirnos o que podemos fracasar en el trabajo, pueden ser los detonantes de la ansiedad y el pánico. Es casi siempre posible identificar las situaciones o pensamientos que desatan estos estados temerosos.
El pánico es una enfermedad asociada al tiempo. La crisis de pánico es el efecto en el cuerpo de un pensamiento que tiene que ver con el tiempo sucesivo, el tiempo organizado, programado según objetivos o metas a alcanzar, llámense dinero, prestigio o poder.
¿Para qué construye el hombre de nuestro tiempo este pensamiento con consecuencias tan indeseables? ¿Será para conjurar, evitar, negar otro tiempo distinto del tiempo de la organización, o sea, ese tiempo excesivo que se caracteriza por su inutilidad?
Podemos pensar el pánico como miedo al futuro, a lo que todavía no existe; el miedo siempre es al porvenir. ¿Qué hay en el futuro que nos atemoriza? Lo que no conocemos, lo imprevisible y lo sublime. Lo que hay es aquello que puede sorprendernos para pensar, crear y respirar de otro modo. Quizás cuando el cuerpo se ahoga, su síntoma es un llamado a la libertad.